hipotiroidismo

Hormonas tiroideas y peso: Cuándo sospechar de un hipotiroidismo en la menopausia

Adelgazamiento

La primera vez que mi médica me dijo que podía tener la tiroides lenta, me eché a reír. Llevaba meses quejándome de que no podía perder peso por mucho que lo intentara, de un cansancio que no me dejaba ni levantar la cabeza, de una piel seca como la lija y de un humor de perros que no entendía. Y ella, con una calma que me desesperaba, me dijo: «Antes de seguir dándote cabezazos contra la dieta, vamos a mirar tu tiroides». Me hice los análisis, y efectivamente, mi tiroides funcionaba a medio gas. Resulta que el hipotiroidismo es mucho más común en mujeres de nuestra edad, y sus síntomas se parecen tanto a los de la menopausia que es fácil confundirlos. Durante meses había estado peleándome con mi cuerpo, culpándome por no tener fuerza de voluntad, cuando lo que fallaba era una glándula diminuta en mi cuello. Este es el relato de cómo aprendí a distinguir los síntomas, a pedir las pruebas adecuadas, y a tratar un problema que, una vez diagnosticado, tiene solución.

La tiroides: esa glándula pequeña con un trabajo enorme

La tiroides es una glándula con forma de mariposa situada en la base del cuello. Produce hormonas tiroideas (T3 y T4) que regulan el metabolismo de cada célula de nuestro cuerpo. Son las encargadas de controlar la velocidad a la que quemamos energía, la temperatura corporal, el ritmo cardíaco, el estado de ánimo, y muchas otras funciones.

Cuando la tiroides funciona correctamente, todo va bien. Pero cuando se vuelve lenta (hipotiroidismo), el metabolismo se ralentiza. Quemamos menos calorías, nos cansamos más, la piel se seca, el pelo se cae, y el cerebro funciona a cámara lenta.

El problema es que muchos de estos síntomas coinciden con los de la menopausia. El cansancio, la niebla mental, la sequedad, el aumento de peso. Por eso es tan fácil que pase desapercibido. Y por eso es tan importante saber cuándo sospechar.

Por qué el hipotiroidismo es más frecuente en la menopausia

Las mujeres tenemos muchas más probabilidades que los hombres de desarrollar problemas de tiroides. Y el riesgo aumenta con la edad. Se estima que hasta un 10% de las mujeres pueden tener hipotiroidismo después de los 50 años, muchas sin diagnosticar.

Además, la bajada de estrógenos influye en la función tiroidea. Los estrógenos ayudan a transportar las hormonas tiroideas, y cuando bajan, ese transporte se desajusta. También hay una mayor incidencia de enfermedades autoinmunes tiroideas (como la tiroiditis de Hashimoto) en mujeres de mediana edad.

El resultado es que la menopausia y el hipotiroidismo a menudo van de la mano, y distinguir qué es qué no siempre es fácil.

Señales para sospechar hipotiroidismo (más allá de los síntomas típicos)

Estos son los síntomas que me hicieron sospechar y que pueden indicar que tu tiroides no va bien, sobre todo si se presentan varios a la vez.

Cansancio extremo

No es el cansancio normal de un mal día. Es una fatiga profunda, como si no tuvieras batería para nada. Te cuesta levantarte por la mañana, necesitas dormir más horas de lo normal, y aún así no descansas. Yo podía dormir ocho horas y levantarme como si hubiera estado toda la noche de fiesta.

Aumento de peso o dificultad para adelgazar

El metabolismo lento hace que quemes menos calorías. Puedes comer lo mismo de siempre y engordar, o hacer dieta y no perder ni un gramo. En mi caso, había subido cinco kilos en pocos meses sin cambiar mis hábitos, y por mucho que lo intentaba, no bajaban.

Piel seca, cabello quebradizo y uñas frágiles

La sequedad de la menopausia puede empeorar con el hipotiroidismo. La piel se vuelve áspera, escamosa, sobre todo en codos y rodillas. El pelo se cae más de lo normal, se vuelve quebradizo y sin brillo. Las uñas se parten con facilidad.

Sensibilidad al frío

Mientras otras mujeres se quejan de sofocos, tú vas abrigada en pleno verano. La tiroides lenta reduce la temperatura corporal, y sientes frío todo el tiempo, sobre todo en manos y pies.

Estreñimiento

El metabolismo lento también afecta al intestino. El estreñimiento se vuelve crónico, por mucho que comas fibra y bebas agua.

Depresión, niebla mental y falta de memoria

La tiroides influye en el cerebro. El hipotiroidismo puede causar depresión, apatía, dificultad para concentrarse y pérdida de memoria. Esa niebla mental que achacamos a la menopausia puede tener un componente tiroideo.

Ritmo cardíaco lento

El corazón late más despacio de lo normal. Puedes notar que te cansas antes al hacer esfuerzos, o que tu pulso en reposo es bajo (por debajo de 60).

Dolores musculares y articulares

El hipotiroidismo puede causar dolores musculares difusos, calambres, y rigidez en las articulaciones.

Ronquera y habla lenta

La voz puede volverse más ronca, y el habla más lenta, como si te costara articular.

Hinchazón facial y de párpados

El mixedema es una hinchazón característica, sobre todo en la cara y los párpados. Te levantas con la cara hinchada, aunque no hayas tomado mucha sal.

Si te sientes identificada con varios de estos síntomas, merece la pena que le pidas a tu médico que mire tu tiroides.

Las pruebas que debes pedir

Si sospechas que tu tiroides puede estar lenta, no te conformes con un análisis básico. Esto es lo que necesitas saber.

TSH (hormona estimulante de la tiroides): Es la prueba principal. La TSH la produce la hipófisis y le dice a la tiroides que trabaje. Si la tiroides va lenta, la hipófisis envía más TSH para intentar estimularla. Por eso, en el hipotiroidismo, la TSH está elevada. Los valores normales suelen estar entre 0,4 y 4,5 mUI/L, aunque algunos expertos consideran que a partir de 2,5 ya podría haber disfunción en algunas personas. Si tu TSH está por encima de lo normal, hay que seguir investigando.

T4 libre: Es la hormona tiroidea principal. Si la TSH está alta y la T4 libre baja, el diagnóstico de hipotiroidismo es claro. Si la TSH está alta pero la T4 libre es normal, se llama hipotiroidismo subclínico, y puede o no requerir tratamiento según los síntomas y otros factores.

T3 libre: A veces también se mide, aunque no siempre es necesaria. La T3 es la forma activa de la hormona. En algunos casos, el problema puede ser una mala conversión de T4 a T3.

Anticuerpos antitiroideos (anti-TPO y anti-tiroglobulina): Sirven para detectar si la causa es autoinmune, como en la tiroiditis de Hashimoto. Si estos anticuerpos están elevados, el sistema inmunológico está atacando a la tiroides. Es muy frecuente en mujeres de nuestra edad.

Con estos análisis, tu médico podrá determinar si tienes hipotiroidismo y si necesitas tratamiento.

Mi experiencia con el diagnóstico

Cuando me llegaron los resultados, mi TSH estaba en 8,5 (muy por encima del límite), mi T4 libre baja, y los anticuerpos por las nubes. Hashimoto, me dijeron. Una enfermedad autoinmune en la que mi propio cuerpo atacaba a mi tiroides. Me asusté, pero la endocrina me tranquilizó: «Es muy común, tiene tratamiento, y con él podrás vivir perfectamente».

Empecé a tomar levotiroxina, una hormona sintética que suple lo que mi tiroides ya no produce. La dosis se ajusta poco a poco, con análisis periódicos hasta encontrar la adecuada. Al cabo de unas semanas, empecé a notar cambios. El cansancio disminuyó, la piel se hidrató un poco, y sobre todo, la niebla mental empezó a disiparse. Perder peso seguía siendo difícil, pero ya no era imposible. Poco a poco, fui recuperando energía y vitalidad.

Qué hacer si te diagnostican hipotiroidismo

Si te confirman el diagnóstico, no te asustes. El hipotiroidismo tiene tratamiento, y una vez ajustado, la calidad de vida mejora enormemente.

Tratamiento farmacológico: La levotiroxina se toma en ayunas, media hora antes del desayuno, todos los días. No se debe tomar con calcio, hierro ni café, porque interfieren en la absorción. La dosis la ajusta el médico según tus análisis y tus síntomas.

Seguimiento: Necesitarás análisis periódicos para controlar la TSH y ajustar la dosis. Al principio, cada 6-8 semanas; luego, una o dos veces al año.

Alimentación: El hipotiroidismo no tiene una dieta milagro, pero hay cosas que ayudan. El selenio (nueces de Brasil, pescado, huevos) es importante para la función tiroidea. El zinc y el yodo también. Evitar los alimentos bociógenos en crudo y en grandes cantidades (coles, brócoli, soja), aunque cocinados pierden parte de ese efecto.

Ejercicio: El ejercicio moderado ayuda a activar el metabolismo, pero sin pasarse. Escucha a tu cuerpo.

Gestionar el estrés: El estrés crónico empeora las enfermedades autoinmunes. Busca formas de relajarte, de bajar el ritmo.

Lo que he aprendido en este camino

Si algo tengo claro después de todo esto, es que no podemos dar nada por sentado. Durante meses me culpé por no poder adelgazar, por estar siempre cansada, por tener mal humor. Pensaba que era falta de voluntad, que la menopausia me había vencido. Y resultó que mi cuerpo tenía un problema real, con nombre y apellido, y que tenía solución.

Ahora, cuando hablo con amigas que están en la misma situación y me cuentan síntomas parecidos, siempre les digo lo mismo: «pide que te miren la tiroides». Puede que no sea eso, pero puede que sí. Y si es así, el tratamiento puede cambiarte la vida.

El hipotiroidismo no se cura, pero se trata. Y con tratamiento, la energía vuelve, la piel mejora, el metabolismo se reactiva, y la cabeza se despeja. No es magia, es medicina. Pero para llegar a ella, primero hay que sospechar, hay que pedir las pruebas, hay que insistir. Porque nadie va a cuidar de ti como tú misma.

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