Cuando piensas en testosterona, probablemente piensas en hombres. En músculos, en vello corporal, en agresividad. Yo también. Durante años, la testosterona fue para mí una hormona masculina, algo que no me concernía. Hasta que empecé a notar que algo más se apagaba dentro de mí. No era solo la energía, era algo más profundo. Las ganas. Las ganas de hacer cosas, de salir, de relacionarme, de tener intimidad con mi pareja. Todo se había vuelto gris, plano, sin brillo. Pensaba que era depresión, que era la edad, que era la menopausia y punto. Pero una noche, hablando con una amiga que es médica, me dijo: «a lo mejor lo que te falta no es solo estrógenos o progesterona. A lo mejor es testosterona». Me quedé de piedra. ¿Las mujeres también tenemos testosterona? ¿Y además importa? Empecé a investigar, a leer, a preguntar. Y descubrí que sí, que las mujeres producimos testosterona, que cumple funciones esenciales, y que cuando cae en la menopausia, todo se resiente. Este es el relato de lo que aprendí sobre la hormona que no sabía que necesitaba.
La testosterona no es solo cosa de hombres
Lo primero que hay que saber es que las mujeres también producimos testosterona. Los ovarios y las glándulas suprarrenales fabrican esta hormona, aunque en cantidades mucho menores que los hombres. Pero esas pequeñas cantidades son fundamentales para nuestro bienestar.
La testosterona en la mujer participa en múltiples funciones: mantiene la masa muscular y la fuerza ósea, regula la distribución de la grasa corporal, estimula la producción de glóbulos rojos, influye en el estado de ánimo y la energía, y es clave para el deseo sexual. También tiene efectos positivos sobre la función cognitiva, la memoria y la concentración.
Durante la edad fértil, nuestros niveles de testosterona fluctúan a lo largo del ciclo, alcanzando su pico en la ovulación. Pero al llegar a la menopausia, la producción de testosterona por los ovarios disminuye significativamente. A diferencia de los estrógenos, que caen de forma abrupta, la testosterona desciende de manera más gradual, pero la caída existe y se nota.
El problema es que, como nadie habla de ella, muchos de sus síntomas se confunden con los de la menopausia o con la depresión. Y las mujeres pasamos años sintiéndonos apagadas sin saber que hay una hormona que puede estar detrás.
¿Qué síntomas produce la falta de testosterona?
Cuando la testosterona baja, el cuerpo lo nota. Estos son los síntomas más comunes, que a mí me sonaron terriblemente familiares cuando los leí.
Falta de energía y fatiga
No es el cansancio normal de un mal día. Es una fatiga profunda, como si no tuvieras batería para nada. Te levantas y ya estás cansada. Las tareas cotidianas se vuelven montañas. La testosterona es una hormona energizante, y cuando falta, el cuerpo se apaga. A mí me pasaba que a media tarde necesitaba tumbarme, no podía más. Y no era por falta de sueño, era otra cosa.
Pérdida de la libido
Este es el síntoma más conocido, pero también el que más cuesta reconocer y admitir. La testosterona es la hormona del deseo. Cuando falta, el interés por el sexo disminuye, a veces hasta desaparecer. No es que no quieras a tu pareja, es que no te apetece, no lo buscas, no lo piensas. Y eso genera culpa, frustración, distancia. A mí me pasó, y me costó mucho entender que no era falta de amor, era falta de hormona.
Dificultad para mantener el deseo y la excitación
No solo baja el deseo espontáneo, también cuesta más excitarse. Las sensaciones son menos intensas, la respuesta sexual es más lenta. La testosterona influye en la lubricación y en la sensibilidad de los tejidos. Cuando falta, todo se vuelve más difícil.
Pérdida de masa muscular y fuerza
Aunque los estrógenos también importan, la testosterona es la hormona anabólica por excelencia. Cuando baja, cuesta más mantener el músculo. Notas que pierdes fuerza, que te cuesta levantar pesos que antes manejabas con facilidad, que tu cuerpo se vuelve más flácido. Por mucho que hagas ejercicio, los resultados no llegan.
Aumento de la grasa abdominal
La testosterona ayuda a regular la distribución de la grasa. Cuando falta, el cuerpo tiende a acumular grasa en la zona abdominal, esa que tanto nos molesta y que es tan difícil de eliminar. No es solo que comas mal, es que tu composición corporal cambia por dentro.
Niebla mental y falta de concentración
La testosterona también influye en la cognición. Cuando baja, la mente se vuelve más lenta, cuesta concentrarse, la memoria falla. Eso que llamamos niebla mental tiene también un componente de testosterona baja.
Estado de ánimo bajo y desmotivación
No es depresión clínica siempre, pero sí una sensación de que todo da igual, de que no hay ilusión, de que las cosas pierden su color. La testosterona tiene un efecto modulador del ánimo, y cuando falta, aparece la apatía.
Cuando leí esta lista, sentí que alguien describía mi vida. Tenía todo, o casi todo. Y lo peor es que llevaba años pensando que era culpa mía, que era vaga, que no ponía suficiente empeño, que la relación con mi pareja se había enfriado por mi culpa. Descubrir que podía haber una causa física fue un alivio inmenso.
¿Por qué baja la testosterona en la menopausia?
La producción de testosterona en la mujer depende en gran medida de los ovarios. Durante la edad fértil, los ovarios producen aproximadamente la mitad de la testosterona circulante. La otra mitad la producen las glándulas suprarrenales y la conversión periférica de otras hormonas.
En la menopausia, los ovarios dejan de producir óvulos y también reducen drásticamente su producción hormonal, incluyendo la testosterona. Aunque las suprarrenales siguen funcionando, no siempre son capaces de compensar la caída. El resultado es que los niveles de testosterona pueden descender hasta un 50% respecto a los de la juventud.
Además, la testosterona circula en sangre unida a proteínas. La principal es la SHBG (globulina transportadora de hormonas sexuales). Los estrógenos aumentan la SHBG, y cuando damos estrógenos en terapia hormonal, la SHBG puede subir aún más, atrapando más testosterona y reduciendo la que queda libre y activa. Es un equilibrio delicado que hay que conocer.
¿Se puede medir la testosterona?
Sí, se puede medir mediante análisis de sangre. Pero hay que saber interpretarla. Los niveles normales en mujeres son mucho más bajos que en hombres, y varían según la edad, el ciclo (en mujeres aún menstruantes) y la hora del día. Lo ideal es medir por la mañana, y pedir que incluyan no solo la testosterona total, sino también la testosterona libre y la SHBG. La testosterona libre es la que realmente está disponible para los tejidos.
A mí me la midieron y mis niveles estaban en el límite bajo de lo normal, pero como mis síntomas eran claros, mi médico consideró que podía beneficiarme de un apoyo. No todos los médicos están familiarizados con la testosterona femenina, así que a veces hay que buscar un profesional con experiencia en salud hormonal de la mujer.
Cómo aumentar la testosterona de forma natural
Antes de recurrir a tratamientos, hay formas de favorecer la producción natural de testosterona. Esto es lo que a mí me recomendaron y lo que he puesto en práctica.
Ejercicio de fuerza
El entrenamiento con pesas es el mejor estimulante natural para la testosterona. No hace falta machacarse, pero sí levantar pesos que supongan un reto. Las sentadillas, los pesos muertos, los ejercicios compuestos que trabajan grandes grupos musculares. Empecé con pesas ligeras y fui aumentando poco a poco. No solo noté más fuerza, también más energía y mejor ánimo.
Alimentación adecuada
Las grasas saludables son esenciales porque la testosterona se fabrica a partir del colesterol. Incorporar aguacate, aceite de oliva, frutos secos, pescado azul. Las proteínas también importan, sobre todo las de origen animal, que contienen los aminoácidos necesarios. Y no descuidar el zinc y el magnesio, presentes en ostras, carnes rojas magras, semillas de calabaza, legumbres y frutos secos. La vitamina D, de la que ya hablamos, también es importante.
Dormir bien
La testosterona se produce durante el sueño profundo. Dormir mal, despertarse a menudo, reduce su producción. Priorizar el descanso es fundamental. Yo he tenido que aprender a preparar el sueño: nada de pantallas antes de acostarme, cena ligera, habitación fresca, y si me despierto, respiro y vuelvo a la calma.
Gestionar el estrés
El cortisol, la hormona del estrés, es enemigo de la testosterona. Cuando el estrés es crónico, el cuerpo prioriza el cortisol y resta recursos a la producción de testosterona. Bajar el ritmo, meditar, pasear, hacer cosas que nos gusten, todo eso ayuda a mantener el equilibrio.
Sexo y deseo
El deseo sexual estimula la producción de testosterona, y la testosterona estimula el deseo. Es un círculo que puede funcionar en ambos sentidos. Mantener una vida sexual activa, aunque al principio cueste, puede ayudar a romper el círculo vicioso de la falta de deseo.
Suplementos y tratamientos con testosterona
Cuando las medidas naturales no son suficientes, puede plantearse el uso de testosterona. Pero esto no es algo que deba tomarse a la ligera. La testosterona es una hormona con efectos potentes, y su uso debe ser supervisado por un médico con experiencia.
En España, la testosterona para mujeres no está aprobada de forma específica, pero se puede usar de forma off-label, es decir, recetada por un médico para un caso concreto. Las presentaciones más habituales son geles, cremas o pomadas que se aplican sobre la piel en dosis muy bajas, mucho menores que las usadas en hombres.
Yo empecé con una crema de testosterona bioidéntica, en dosis muy baja, bajo supervisión médica. Al cabo de unas semanas, noté cambios: más energía, más claridad mental, y sí, también más deseo. No fue un cambio radical, pero sí suficiente para sentirme más yo misma. Los análisis de control son importantes para ajustar la dosis y evitar efectos secundarios como acné, crecimiento de vello o cambios en la voz.
Los beneficios que yo he notado
Después de varios meses con apoyo de testosterona (junto con otras medidas), estos son los cambios que he percibido:
- Más energía: Ya no necesito echarme la siesta cada día. Por la tarde tengo cuerda para hacer cosas.
- Más fuerza: En el gimnasio, levanto más peso y me recupero mejor.
- Más claridad mental: La niebla se ha disipado. Me concentro mejor y los olvidos han disminuido.
- Más deseo: La intimidad con mi pareja ha mejorado. No es como a los veinte, pero hemos recuperado una conexión que creía perdida.
- Mejor estado de ánimo: Las cosas vuelven a interesarme, a ilusionarme. La vida tiene más color.
No digo que sea para todas, ni que sea la solución mágica. Pero para mí, entender el papel de la testosterona y poder abordarlo ha sido un antes y un después.
Lo que he aprendido en este proceso
Si algo me ha enseñado la menopausia es que las hormonas son un ecosistema complejo. No podemos centrarnos solo en los estrógenos y olvidarnos de la progesterona y la testosterona. Las tres trabajan juntas, se equilibran, se complementan. Y cuando una falla, las otras también se resienten.
La testosterona en la mujer no es una rareza, es una necesidad. Es la hormona de la energía, del deseo, de la fuerza, de la vitalidad. Y cuando baja, es normal que nos sintamos apagadas. No es falta de carácter, no es pereza, no es que nuestra relación haya muerto. Es química. Y la química tiene solución.
Si te sientes identificada con lo que he contado, te animo a que lo hables con tu médico. Pide que te miren la testosterona, sobre todo si tienes síntomas de falta de energía, deseo o ánimo. No te conformes con un «es la edad» o «son cosas de la menopausia». Pide pruebas, pide opciones. Porque mereces sentirte viva, con ganas, con fuerza. Mereces recuperar la mejor versión de ti misma.
