Salud cardiovascular: Por qué el riesgo aumenta y cómo reducirlo.

Salud cardiovascular: Por qué el riesgo aumenta y cómo reducirlo.

Longevidad

La primera vez que escuché que las mujeres también nos morimos del corazón, me quedé de piedra. Siempre había pensado que las enfermedades cardiovasculares eran cosa de hombres, de esos que se estresan en el trabajo, que fuman, que comen mal. Nosotras, pensaba, estábamos protegidas. Pero una tarde, en una revisión ginecológica de rutina, mi médico me soltó la bomba: «a partir de la menopausia, tu riesgo cardiovascular se equipara al de los hombres. Los estrógenos te han estado protegiendo durante años, y cuando se van, esa protección desaparece». Me asusté. Nunca me había preocupado por mi corazón. Mis análisis siempre habían dado bien, mi tensión era normal, no fumaba. Pero ahí estaba, con 53 años, y de repente mi corazón se había vuelto vulnerable. Empecé a investigar, a leer, a preguntar. Y lo que descubrí cambió mi forma de cuidarme. Este es el relato de lo que aprendí sobre la salud cardiovascular en la menopausia y de cómo he puesto en práctica medidas para reducir mi riesgo.

La protección de los estrógenos: un escudo que se desvanece

Durante la edad fértil, los estrógenos ejercen un efecto protector sobre el sistema cardiovascular. Ayudan a mantener los vasos sanguíneos flexibles y dilatados, lo que facilita el flujo sanguíneo y mantiene la presión arterial a raya. Favorecen un perfil lipídico saludable, aumentando el colesterol bueno (HDL) y reduciendo el malo (LDL). Tienen efectos antiinflamatorios y antioxidantes que protegen las paredes arteriales. Y mejoran la sensibilidad a la insulina, reduciendo el riesgo de diabetes.

Cuando llega la menopausia y los estrógenos caen en picado, ese escudo desaparece. Los vasos sanguíneos se vuelven más rígidos, la presión arterial tiende a subir, el perlipídico empeora, la inflamación aumenta y la resistencia a la insulina puede aparecer. Todo esto contribuye a que el riesgo de enfermedades cardiovasculares se dispare.

Además, los cambios en la distribución de la grasa corporal también influyen. Perdemos la protección de la grasa en caderas y muslos, y tendemos a acumular grasa visceral, esa que se instala en la tripa y que es metabólicamente activa, produciendo sustancias inflamatorias que dañan las arterias.

El resultado es que, después de la menopausia, las enfermedades cardiovasculares se convierten en la primera causa de muerte en las mujeres. Más que el cáncer de mama. Y sin embargo, hablamos mucho menos de ellas.

¿Cuáles son los factores de riesgo específicos en la menopausia?

Además de los factores de riesgo clásicos (tabaco, sedentarismo, mala alimentación, obesidad, hipertensión, diabetes, colesterol), en la menopausia aparecen factores específicos que hay que tener en cuenta.

La edad: El riesgo cardiovascular aumenta con la edad, y la menopausia suele coincidir con esa franja.

La bajada de estrógenos: Ya lo hemos visto, es el factor desencadenante.

Los sofocos y sudores nocturnos: Varios estudios han relacionado la presencia de sofocos, especialmente los que ocurren durante el sueño, con un mayor riesgo cardiovascular. No está claro si los sofocos son un marcador de un sistema vascular más reactivo o si contribuyen directamente al daño, pero la asociación existe.

La alteración del sueño: Dormir mal, despertarse a menudo, no descansar, afecta al corazón. Aumenta la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la inflamación.

El estrés y la ansiedad: Los cambios de humor, la ansiedad, la irritabilidad, tan comunes en esta etapa, también afectan al sistema cardiovascular.

La menopausia precoz: Las mujeres que tienen la menopausia antes de los 45 años, ya sea natural o por cirugía, tienen un riesgo cardiovascular mayor porque pasan más años sin la protección de los estrógenos.

El síndrome metabólico: Es un conjunto de factores que aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca: aumento de la circunferencia abdominal, presión arterial elevada, glucosa alta, triglicéridos altos y colesterol bueno bajo. Es muy frecuente en la menopausia.

¿Qué pruebas debemos hacernos para vigilar el corazón?

Conocer nuestros números es el primer paso para cuidar el corazón. Estas son las pruebas que mi médico me recomendó al llegar a la menopausia:

Análisis de sangre completos: Incluyendo perfil lipídico (colesterol total, LDL, HDL, triglicéridos), glucosa en ayunas, hemoglobina glicosilada (para ver el control de azúcar a largo plazo) y proteína C reactiva (marcador de inflamación).

Control de la presión arterial: En cada visita médica, y en casa si hay antecedentes o cifras límite. La hipertensión es uno de los factores de riesgo más importantes.

Índice de masa corporal y perímetro abdominal: El exceso de peso, y sobre todo la grasa abdominal, es un factor de riesgo. Medir la cintura nos da una idea de la grasa visceral.

Electrocardiograma: Para ver el ritmo cardíaco y descartar arritmias. Si hay síntomas o factores de riesgo, puede ser necesario un ecocardiograma o una prueba de esfuerzo.

Densitometría ósea: Aunque es para los huesos, la salud ósea y cardiovascular están relacionadas. Mujeres con osteoporosis tienen más riesgo de problemas cardíacos.

No todas las pruebas son necesarias para todas, pero conocer tus factores de riesgo y hacer un seguimiento periódico es fundamental. Yo me hago una revisión anual completa desde los 50.

Cómo reducir el riesgo cardiovascular en la menopausia

Lo bueno es que el riesgo cardiovascular se puede reducir, y mucho, con cambios en el estilo de vida. Esto es lo que a mí me ha funcionado y lo que recomiendan todas las guías.

Alimentación cardiosaludable

La base es una alimentación similar a la dieta mediterránea. Esto significa:

  • Muchas frutas y verduras: Al menos cinco raciones al día. Frescas, de temporada, variadas. Aportan fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes.
  • Cereales integrales: Avena, quinoa, arroz integral, pan integral. En lugar de los refinados.
  • Legumbres: Lentejas, garbanzos, alubias. Al menos dos o tres veces por semana. Son fuente de proteína vegetal, fibra y minerales.
  • Pescado azul: Salmón, sardinas, caballa, boquerones. Rico en omega-3, antiinflamatorio y cardioprotector. Dos o tres veces por semana.
  • Frutos secos y semillas: Un puñado al día, sin sal, variados. Nueces, almendras, avellanas, pipas de calabaza.
  • Aceite de oliva virgen extra: Como grasa principal, en crudo y para cocinar.
  • Proteína magra: Pollo, pavo, huevos, y reducir las carnes rojas y procesadas.
  • Reducir el azúcar y los ultraprocesados: Galletas, bollería, refrescos, snacks. Nada bueno aportan.
  • Reducir la sal: La sal aumenta la presión arterial. Cocinar con especias y hierbas aromáticas en lugar de sal.

Ejercicio físico regular

El ejercicio es medicina para el corazón. No solo ayuda a controlar el peso, sino que mejora la presión arterial, el perfil lipídico, la sensibilidad a la insulina y reduce la inflamación. La combinación ideal es:

  • Ejercicio aeróbico: Caminar a paso ligero, nadar, bailar, montar en bici. Al menos 150 minutos a la semana (unos 30 minutos al día, cinco días a la semana).
  • Ejercicio de fuerza: Dos veces por semana. Ayuda a mantener la masa muscular, que a su vez mejora el metabolismo.
  • Ejercicio de flexibilidad y equilibrio: Yoga, pilates, estiramientos. Ayudan a prevenir caídas y a reducir el estrés.

Yo procuro caminar a diario, hago dos sesiones de pesas a la semana y una de yoga. No es mucho, pero es constante.

Mantener un peso saludable

El exceso de peso, sobre todo la grasa abdominal, es un factor de riesgo. Perder incluso un 5-10% del peso corporal ya mejora la presión arterial, el colesterol y la glucosa. Pero ojo, no vale cualquier dieta. Las dietas muy restrictivas son insostenibles y pueden empeorar el metabolismo. Se trata de cambiar hábitos a largo plazo.

No fumar y moderar el alcohol

Fumar es uno de los peores enemigos del corazón. Si fumas, dejarlo es lo mejor que puedes hacer por tu salud cardiovascular. El alcohol, en exceso, también aumenta la presión arterial y los triglicéridos. Moderación, una copa de vino al día como mucho, y no todos los días.

Gestionar el estrés

El estrés crónico eleva el cortisol, la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Aprender a relajarse, a poner límites, a priorizar, es fundamental. El mindfulness, la meditación, la respiración, pasear, leer, todo lo que te ayude a bajar el ritmo.

Dormir bien

Dormir poco o mal aumenta el riesgo cardiovascular. Intenta dormir entre 7 y 8 horas, con una rutina regular, y si los sofocos te despiertan, aplica las estrategias que hemos visto para manejarlos.

Controlar la presión arterial, el colesterol y la glucosa

Si con los cambios de estilo de vida no es suficiente, puede ser necesario tomar medicación. No tengas miedo a los fármacos si los necesitas. La hipertensión, la diabetes o el colesterol alto no tratados hacen mucho daño a largo plazo. Hoy en día hay tratamientos muy seguros y efectivos.

Lo que yo he hecho y lo que he notado

Cuando me di cuenta de mi riesgo cardiovascular, no esperé a que los números empeoraran. Empecé a cambiar. Mejoré mi alimentación, empecé a caminar más, retomé las pesas, aprendí a decir que no para reducir el estrés, y controlo mi tensión en casa. Me hago análisis una vez al año y voy al médico cuando toca.

Los resultados están siendo buenos. Mi tensión se mantiene en cifras óptimas, mi colesterol ha mejorado, mi glucosa está bien. Y lo mejor: me siento con energía, con fuerza, con vitalidad. Sé que no puedo controlarlo todo, que hay factores genéticos que escapan a mi influencia, pero al menos sé que estoy haciendo todo lo que está en mi mano para cuidar mi corazón.

El papel de la terapia hormonal sustitutiva

La terapia hormonal sustitutiva (THS) puede tener efectos beneficiosos sobre la salud cardiovascular si se inicia en el momento adecuado (antes de los 60 años o en los primeros 10 años desde la menopausia). Mejora el perfil lipídico, la función endotelial y reduce la incidencia de diabetes. Pero también tiene riesgos, y no es adecuada para todas las mujeres.

La decisión de tomar THS debe ser individualizada, valorando los beneficios y riesgos en cada caso, y siempre con supervisión médica. En mi caso, por mis antecedentes familiares, no era la mejor opción, pero muchas mujeres se benefician de ella. Habla con tu ginecólogo.

Lo que he aprendido en este proceso

Si algo tengo claro después de todo esto es que el corazón no es algo abstracto. Es un músculo que late cada segundo de nuestra vida, y merece que lo cuidemos. En la menopausia, cuando perdemos la protección de los estrógenos, tenemos que redoblar esfuerzos. Pero no es algo que deba angustiarnos, sino algo que podemos hacer, paso a paso, día a día.

Pequeños cambios: caminar más, comer mejor, dormir, relajarse. Todo suma. Y sobre todo, hacerse las revisiones, conocer los números, no tener miedo a preguntar. Porque la enfermedad cardiovascular es silenciosa, no avisa hasta que es demasiado tarde. Pero nosotros podemos adelantarnos, podemos prevenir, podemos cuidarnos.

Ahora, cuando camino a paso ligero, cuando levanto pesas, cuando elijo una ensalada en lugar de un ultraprocesado, pienso en mi corazón. En ese músculo incansable que lleva latiendo 55 años sin parar. Y le digo: «gracias, y perdona por los descuidos. Voy a cuidarte mejor a partir de ahora».

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