La primera vez que intenté explicarle a mi marido lo que me pasaba, acabé llorando y él con cara de no entender nada. Le dije que tenía sofocos, que no dormía, que estaba agotada, que me sentía rara, que no me reconocía. Él asintió, me dio un abrazo, y al día siguiente me preguntó por qué estaba de mal humor. Me frustré tanto que no volví a intentarlo en meses. Con mis hijas fue peor: «mamá, siempre estás de mal humor». Con mis amigos, directamente, no hablaba del tema. Me sentía sola, incomprendida, invisible. Hasta que un día, después de una sesión de terapia, mi psicóloga me dijo: «tienes que aprender a explicar lo que te pasa. No pueden adivinarlo. Y si no lo explicas, se lo inventarán, y normalmente se lo inventarán mal». Ese día entendí que la comunicación era mi responsabilidad también. Que no podía esperar que los demás supieran lo que era la menopausia si yo no se lo contaba. Y empecé a buscar las palabras, los momentos, las formas de hacerles entender. No fue fácil, pero poco a poco, mi entorno empezó a comprender. Este es el relato de cómo aprendí a explicar lo que me pasa a mi pareja, mi familia y mis amigos.
¿Por qué es tan difícil explicar lo que sentimos?
La menopausia sigue siendo un tabú. Durante generaciones, las mujeres han sufrido en silencio, sin hablar de sus síntomas, sin pedir ayuda, sin explicar a los demás lo que les pasaba. Aún hoy, muchas de nosotras sentimos vergüenza, miedo a que nos tachen de quejicas, a que nos digan que es cosa de la edad, a que no nos tomen en serio.
Además, los síntomas son difíciles de explicar. ¿Cómo describes un sofoco a alguien que nunca lo ha tenido? ¿Cómo explicas la niebla mental, esa sensación de que el cerebro funciona a cámara lenta? ¿Cómo transmites la ansiedad que te come por dentro sin motivo aparente? Las palabras se quedan cortas.
Y luego está el miedo a la reacción de los demás. Miedo a que tu pareja se aleje, a que tus hijos te vean débil, a que tus amigos se aburran de tus quejas. Preferimos callar antes que arriesgarnos a ser rechazadas.
Pero callar tiene un precio. El precio es la incomprensión, la soledad, el aislamiento. Cuando no explicas lo que te pasa, los demás interpretan tus cambios de humor como algo personal. Tu pareja cree que estás enfadada con él. Tus hijos piensan que te has vuelto gruñona. Tus amigos dejan de llamar porque no entienden por qué siempre estás cansada o irritable.
Antes de hablar: prepárate a ti misma
Antes de sentarte a hablar con los demás, necesitas tener claro tú misma lo que te pasa. No hace falta que sepas toda la fisiología de la menopausia, pero sí que puedas poner en palabras tus síntomas y tus necesidades.
Haz una lista de los síntomas que te afectan más. Por ejemplo: sofocos (calor repentino, sudoración, especialmente por la noche), insomnio (dificultad para dormir, despertares nocturnos), fatiga (cansancio que no se quita), niebla mental (falta de concentración, olvidos), irritabilidad (te enfadas con facilidad), ansiedad (nerviosismo, preocupación constante), sequedad vaginal (molestias en las relaciones), falta de deseo, etc.
También reflexiona sobre lo que necesitas de los demás. ¿Necesitas que te escuchen sin juzgar? ¿Necesitas ayuda con las tareas domésticas? ¿Necesitas que respeten tu descanso? ¿Necesitas comprensión cuando cancelas planes? ¿Necesitas cariño sin presión sexual?
Tener claro esto te ayudará a comunicarlo de forma más efectiva.
Cómo explicárselo a tu pareja
La pareja suele ser la persona más cercana, pero también la que más sufre nuestros cambios. Por eso es crucial hablar con ella.
Elige el momento adecuado
No le hables cuando estés en medio de un sofoco, o después de una discusión, o cuando él esté viendo el fútbol. Busca un momento tranquilo, sin prisas, donde los dos podáis sentaros y hablar con calma. Puedes decir algo como: «me gustaría hablar contigo de algo importante que me está pasando. ¿Podemos sentarnos un rato?»
Usa un lenguaje claro y sencillo
Explícale qué es la menopausia en términos simples. Puedes decirle: «la menopausia es una etapa en la que mis hormonas están cambiando. Eso provoca síntomas como sofocos (oleadas de calor), insomnio, cambios de humor y cansancio. No es algo que pueda controlar, es mi cuerpo respondiendo a estos cambios».
Háblale de tus síntomas concretos
No des por hecho que él sabe lo que sientes. Descríbeselo. «Cuando tengo un sofoco, siento un calor repentino que me sube por el pecho y la cara, y a veces me pongo a sudar. Puede durar unos minutos y luego me deja agotada». «Cuando estoy irritable, no es contigo, es que mi sistema nervioso está alterado y cualquier cosita me desborda».
Explícale lo que necesitas de él
Los hombres suelen ser de soluciones. Él querrá arreglarlo, pero no puede. Lo que sí puede es apoyarte. Dile lo que necesitas: «necesito que me escuches sin intentar solucionarlo». «Necesito que me abraces cuando estoy mal, sin preguntar». «Necesito que me ayudes con las tareas de casa cuando estoy agotada». «Necesito que respetes mi descanso y no me despiertes si me he quedado dormida». «Necesito que no te lo tomes a pecho si estoy irritable, no es personal».
Habla de la intimidad
Este es el tema más delicado. La sequedad vaginal y la falta de deseo pueden afectar a la relación. Háblalo con honestidad, sin culpa. «La menopausia está afectando a mi deseo sexual y a mi lubricación. No es que no te quiera, es que mi cuerpo ha cambiado. Necesito que lo entendamos juntos, que tengamos paciencia, y que busquemos otras formas de estar cerca sin presión».
Si la comunicación fluye, podéis buscar soluciones juntos: lubricantes, más tiempo de caricias, otras formas de intimidad. Y si hace falta, acudir a terapia de pareja.
Cómo explicárselo a tus hijos
La edad de los hijos importa. Si son adolescentes o adultos jóvenes, se les puede explicar de forma más directa. Si son más pequeños, habrá que adaptar el lenguaje.
Con hijos adolescentes o adultos
Ellos ya tienen capacidad para entender. Puedes decirles algo como: «quiero contaros algo que me está pasando. Estoy en la menopausia, que es una etapa en la que mi cuerpo está cambiando y eso me produce algunos síntomas. Por eso a veces estoy más cansada, o me enfado más fácilmente, o tengo estos calores repentinos. No es culpa vuestra, ni significa que os quiera menos. Solo significa que necesito un poco más de paciencia y comprensión por vuestra parte».
Puedes explicarles síntomas concretos: «si me ves sudando de repente, es un sofoco, no te preocupes». «Si algún día necesito estar sola o descansar, no es por vosotros».
Y también puedes pedirles ayuda: «me ayudaría mucho si pudierais colaborar más en casa estos meses, o si no me contestáis mal cuando estoy irritable».
Con hijos más pequeños
Con niños pequeños, basta con explicaciones sencillas y tranquilizadoras. «Mamá tiene algo que se llama sofocos, que es como si tuviera calor de repente. No pasa nada, se pasa enseguida». «A veces mamá está más cansada o necesita estar tranquila. No es culpa tuya, es que su cuerpo está trabajando mucho». Lo importante es que no se sientan culpables ni asustados.
Cómo explicárselo a tus amigos
Con los amigos, el grado de confianza marcará la conversación. Con los amigos íntimos, puedes abrirte más. Con los conocidos, basta con explicaciones generales si surge el tema.
A mis amigas más cercanas les conté lo que me pasaba en una comida. Les dije: «chicas, estoy en la menopausia y la estoy pasando mal. Tengo sofocos, no duermo, estoy irritable. Por eso a veces cancelo planes o no estoy muy animada. No es personal, es que esto es un reto». La respuesta fue maravillosa. Algunas estaban en lo mismo y no lo habían contado. Otras me dijeron que no sabían que era tan duro. A partir de ahí, el grupo se volvió más comprensivo y también más divertido: nos reímos de nuestras calores y nos apoyamos.
Con amigos menos íntimos, si surge el tema, puedes decir algo como: «estoy pasando por la menopausia y los síntomas son un poco duros, así que si algún día no puedo quedar, ya sabes por qué».
Lo importante es normalizar el tema. Cuanto más hablemos de la menopausia, menos tabú será. Y eso beneficia a todas.
Cómo explicárselo a tu entorno laboral
En el trabajo, no hace falta dar detalles íntimos, pero sí puedes comunicar lo necesario para que te comprendan. Si los sofocos te dan en las reuniones, puedes decir: «disculpad, es que tengo un sofoco, en un momento sigo». Si tienes niebla mental y necesitas que te repitan algo, pídelo sin vergüenza.
Si tienes confianza con algún compañero o con tu superior, puedes explicar brevemente: «estoy pasando por la menopausia y algunos días los síntomas me afectan más. Agradecería un poco de paciencia si algún día estoy más despistada o necesito un descanso».
En España, la menopausia no está reconocida como causa de baja laboral, pero sí los síntomas si son muy graves. Si necesitas adaptaciones, habla con tu médico y con recursos humanos.
Lo que he aprendido en este camino
Explicar lo que me pasa no ha sido fácil, pero ha merecido la pena. Mi marido, después de varias conversaciones, ahora entiende mucho mejor mis cambios de humor. Sabe que cuando me enfado por nada, no es con él, es con la menopausia. Me traga las broncas, me abraza, y me dice «ya pasará». Mis hijas me ayudan más en casa y no se lo toman a pecho si un día estoy borde. Mis amigas se han convertido en un pilar fundamental, y algunas han empezado también a hablar de sus síntomas.
He aprendido que la gente no es adivina. Que si no hablo, los demás interpretan mis silencios, mis enfados, mis ausencias, como algo que les afecta a ellos. Y que cuando hablo, la mayoría responde con empatía y cariño. No todos, claro. Algunos no lo entienden, o no quieren entender. Pero esos, quizás, no merecen estar cerca.
He aprendido a pedir ayuda sin vergüenza. A decir «hoy no puedo con todo, ¿me echas una mano?». A decir «necesito estar sola un rato». A decir «esto es lo que me pasa, esto es lo que necesito». Y cada vez que lo hago, me siento más fuerte, más dueña de mi vida.
Si aún no has hablado con los tuyos, te animo a que lo hagas. Busca el momento, elige las palabras, y cuéntales lo que te pasa. No tienes por qué hacerlo todo de golpe. Puedes empezar con la persona de más confianza, y luego ir ampliando. Poco a poco, tu red de apoyo se irá tejiendo. Y en la menopausia, tener una red de apoyo es tan importante como cualquier tratamiento.
